viernes, 23 de marzo de 2007

Entonces fue la guerra

Maruja Viviera
Tiempo de vivir

Cuando dejaron de llegar aquellas cartas
la música demencial de los bombardeos
estremecía las torres vertiginosas
de la Catedral de Colonia.
Ahora, en el otoño de Alemania,
mientras bordeamos la Selva Negra
y la vida está mucho más cerca
de la claridad definitiva,
viaja a nuetro lado
el más lejano y dulcemente doloroso
de todo los recuerdos de amor.

Más tarde iremos a buscar su nombre
en el cementerio canadiense de Flandes.
Pero su nombre de rey trágico
tampoco estará allí, ni sus ojos azules,
ni su risa de niño, ni sus alas...

sueños de otros caminos

Maruja Viviera
Tiempo de vivir

Todavía sueño
con llevar una flor
a la estatua de Pushkin
en la primavera de Moscú.

Sueño
con rezar una oración
a la orilla
del lago
donde un cisne negro
- la muerte -
aguardaba al rey loco
de Baviera.

Todavía sueño
con todos los caminos
del aire,
del mar
y de la tierra
que me están aguardando
mientras cae
la gota silenciosa
del tiempo
en la clepsidra.

miércoles, 21 de marzo de 2007

La Despedida

Zenón Nieves
Dósis poética
Ya despeja lejana la mirada,
presencias inasibles, van distantes,
cuelan los ojos esperanzas magras,
presentes: agonía y saudade.
Amables horas, vibrarán sucintas
entre leve temor de despedida,
muta el mundo inconexo de los sueños;
ágil paloma, riela por los cielos.

LA MUERTE DEL LABRIEGO

Zenón Nieves
Dósis poética

Ha caído un hombre tenue,
lejos sobre la alfombra verde
su mirada apenas recoge,
una esperanza que se pierde.

Cuando la vida en fuga cruza,
se agolpa: todo lo soñado,
por las sienes: el dolor se hinca,
sí, una lágrima, lo ha sellado.

El justo sol que ya se oculta,
ruboroso en la tarde fría,
con temblor de airado ceño,
velan sus rayos la agonía.

Más bien, iCándida doncella!
alta diosa de la balanza,
pienso este suelo no dominas
impera entonces: la asechanza.

El pueblo, tu nombre resalta,
iOh patria! De nuestra fe inicio,
que tus altares velen glorias,
no de tus hijos sacrificio.

sábado, 17 de marzo de 2007

Resurrecciones

Jose Asunción Silva
poema

Como Naturaleza
Cuna y sepulcro inmenso de las cosas,
El alma humana tiene ocultas fuerzas,
Silencios, luces, músicas y sombras,-
Sobre la eterna esencia,
Pasos instables de caducas formas,
Y senos ignorados
Do la vida y la muerte se eslabonan.
Nacen follajes húmedos,
De cuerpos descompuestos en las fosas...
Adoraciones nuevas
De los altares en las aras rotas.

Juntos los dos

Jose Asunción Silva

poema



Juntos los dos reímos cierto día...
¡Ay, y reímos tanto
que toda aquella risa bulliciosa
se tornó pronto en llanto!
Después, juntos los dos, alguna noche,
reímos mucho, tanto,
que quedó como huella de las lágrimas
un misterioso encanto!
Nacen hondos suspiros, de la orgía
entre las copas cálidas
y en el agua salobre de los mares,
se forjan perlas pálidas!

Crisálidas

Jose Asunción Silva
poema

Cuando enferma la niña todavía
salió cierta mañana
y recorrió, con inseguro paso
la vecina montaña,
trajo, entre un ramo de silvestres flores
oculta una crisálida,
que en su aposento colocó, muy cerca
de la camita blanca...
....................................................................

Unos días después, en el momento
en que ella expiraba,
y todos la veían, con los ojos
nublados por las lágrimas,
en el instante en que murió, sentimos
leve rumor de alas
y vimos escapar, tender al vuelo
por la antigua ventana
que da sobre el jardín, una pequeña
mariposa dorada...
....................................................................

La prisión, ya vacía, del insecto
busqué con vista rápida;
al verla vi de la difunta niña
la frente mustia y pálida,
y pensé ¿si al dejar su cárcel triste
la mariposa alada,
la luz encuentra y el espacio inmenso,
y las campestres auras,
al dejar la prisión que las encierra
qué encontrarán las almas?

El sueño de un curioso

Charles Baudelaire
Las Flores del Mal

¿conoces, como yo, la tortura gustosa,
y haces decir de ti: "¡Oh, qué hombre singular!"?
Yo iba a morir. Y aquello en mi alma amorosa
era atracción y miedo, huir y desear.
Angustia y esperanza, indefinible cosa.
En el reloj de arena la hora iba a llegar;
mi tortura se hacía áspera y delicioso.
Mi corazón perdía su mundo familiar.

Yo estaba como el niño lleno de expectación
que está esperando que se levante el telón...
Ya all fin se reveló la verdad, dura y fría;
estaba muerto ya; y la terrible aurora
me circundaba. ¿Cómo? ¿No había más ahora?
Estaba alto el télon, y la escena, vacía.

La muerte de los pobres

Charles Baudelaire
Las Flores del Mal

La muerte, ¡ay!, nos consuela y nos hace vivir;
objeto es de la vida, la esperanza está en ella,
esperanza que abriga igual que un elixir
y que en la negra noche brilla como una estrella.
A través de la nieve o de la tempestad
es la luz que ilumina el horizonte oscuro,
la posada, el refugio y la tranquilidad
de descansar al fin bajo techo seguro.

Es un ángel que tiene en sus dedos magnéticos
el secreto del éxtasis, de los sueños proféticos;
es quien hace la cama de los pobres y afligidos;

La gloria es de los dioses, el místico granero,
es la bolsa del pobre, su país verdadero,
¡es el pórtico que abre los cielos desconocidos¡

viernes, 16 de marzo de 2007

la muerte, nuestra señora

Amado Nervo
Canto de amor y otros poemas

La muerte, nuestra señora,
está llena de respuestas:
de respuestas para todos
los porqués de la existencia.

Silencio de los silencios
tal vez llamarla deberian;
mas, quien sabe interrogarla,
quien tiene fina la oreja,
escucha cosas muy hondas
en medio de las tinieblas.

Es una dama pálida
laMuerte; ¡mas tan serena!
con unos ojos inmensos
que miran de una manera...

Sobre sus hombros de mármol,
en que los besos se hielan,
cae en negros gajos fúnebres
la majestad de las trenzas.

¡Qué afiliadas son sus manos!
¡Qué seguras, qué expertas!
¡Cogen nuestra alma al morirnos
con una delicadeza!...

¡Qué maternal su regazo!
¡y qué benigna y que tierna
su boca, que nos dará,
en voz baja, las respuestas
a los porqués angutiosos
que torturan la existencia!

sábado, 10 de marzo de 2007

MUERTOS



Jose Asuncion Silva
poesía


En los húmedos bosques, en otoño,
al llegar de los fríos, cuando rojas,
vuelan sobre los musgos y las ramas,
en torbellinos, las marchitas hojas,
la niebla al extenderse en el vacío
le da al paisaje mustio un tono incierto
y el follaje do huyó la savia ardiente
tiene un adiós para el verano muerto
y un color opaco y tristecomo el recuerdo borroso
de lo que fue y ya no existe.

En los antiguos cuartos hay armarios
que en el rincón más íntimo y discreto,
de pasadas locuras y pasiones
guardan, con un aroma de secreto,
viejas cartas de amor, ya desteñidas,
que obligan a evocar tiempos mejores,
y ramilletes negros y marchitos,
que son como cadáveres de flores
y tienen un olor tristecomo el recuerdo borroso
de lo que fue y ya no existe.

Y en las almas amantes cuando piensan
en perdidos afectos y ternuras
que de la soledad de ignotos días
no vendrán a endulzar horas futuras,
hay el hondo cansancio que en la lucha
acaba de matar a los heridos,
vago como el color del bosque mustio,
como el olor de los perfumes idos,
¡y el cansancio aquel es triste
como el recuerdo borroso
de lo que fue y ya no existe.

LOS MADEROS DE SAN JUAN














Jose Asunción Silva
poema

¡Aserrín!
¡Aserrán!
Los maderos de San Juan,
piden queso, piden pan,
los de Roque
alfandoque,
los de Rique
alfeñique
¡Los de Triqui, triqui, tran!
Y en las rodillas duras y firmes de la Abuela,
con movimiento rítmico se balancea el niño
y ambos agitados y trémulos están;
la Abuela se sonríe con maternal cariño
mas cruza por su espíritu como un temor extraño
por lo que en lo futuro, de angustia y desengaño
los días ignorados del nieto guardarán.
Los maderos de San Juan
piden queso, piden pan.
¡Triqui, triqui,
triqui, tran!
Esas arrugas hondas recuerdan una historia
de sufrimientos largos y silenciosa angustia
y sus cabellos, blancos, como la nieve, están.
De un gran dolor el sello marcó la frente mustia
y son sus ojos turbios espejos que empañaron
los años, y que, ha tiempos, las formas reflejaron
de cosas y seres que nunca volverán.
Los de Roque, alfandoque
¡Triqui, triqui, triqui, tran!
Mañana cuando duerma la Anciana, yerta y muda,
lejos del mundo vivo, bajo la oscura tierra,
donde otros, en la sombra, desde hace tiempo están,
del nieto a la memoria, con grave son que encierra
todo el poema triste de la remota infancia,
cruzando por las sombras del tiempo y la distancia,
¡de aquella voz querida las notas vibrarán!
Los de Rique, alfeñique
¡Triqui, triqui, triqui, tran!
Y en tanto en las rodillas cansadas de la Abuela
con movimiento rítmico se balancea el niño
y ambos conmovidos y trémulos están;
la Abuela se sonríe con maternal cariño
mas cruza por su espíritu como un temor extraño
por lo que en lo futuro, de angustia y desengaño
los días ignorados del nieto guardarán.
¡Aserrín!
¡Aserrán!
Los maderos de San Juan
piden queso, piden pan,
los de Roque
alfandoque
los de Rique
alfeñique
¡Triqui, triqui, triqui, tran!¡Triqui, triqui, triqui, tran!
bueno no se sorprendan de haber puesto esta poesía, ya que no es una canción para niños es un poema dedicado a la vejez y al temor que produce la muerte, eso es lo bello de Silva

martes, 6 de marzo de 2007

El Fin de la Jornada

Charles Baudelaire
Las flores del mal

Bajo una luz descolorida
va haciendo muecas sin razón
la impúdica y chillona vida.
Por eso, al llegar la ocasión
de la noche voluptuosa
en que todo, aun el hambre, se aquieta,
embozándose pudorosa,
<< ¡Ha, por fin! -se dice el poeta-;
mis vértebras, como mi alma,
invocan cansadas la calma.
Lleno de sueños torturadores,
me voy boca arriba a acostar
y en vuestros velos a ocultar,
¡oh tinieblas de mis amores!>>.

Epígrafe para un Libro Condenado

Por Charles Baudelaire
Las Flores del Mal
Lector apacible y bucólico,
sobrio e inocente hombre de bien, ingenuo y sano,
arroja este libro saturniano,
que es orgiástico y melancólico.

Si tu retórica no aprendiste
con Satán, el astuto decano,
¡tiralo! Me leerás en vano,
o pensarás que a un loco leíste.

Pero si sabes bucear
en los abismos sin temblar,
léeme, y has de amarme, amigo;
alma elegida que, penando,
tu paraíso vas buscando,
¡compadéceme..., o te maldigo!