viernes, 23 de marzo de 2007

Entonces fue la guerra

Maruja Viviera
Tiempo de vivir

Cuando dejaron de llegar aquellas cartas
la música demencial de los bombardeos
estremecía las torres vertiginosas
de la Catedral de Colonia.
Ahora, en el otoño de Alemania,
mientras bordeamos la Selva Negra
y la vida está mucho más cerca
de la claridad definitiva,
viaja a nuetro lado
el más lejano y dulcemente doloroso
de todo los recuerdos de amor.

Más tarde iremos a buscar su nombre
en el cementerio canadiense de Flandes.
Pero su nombre de rey trágico
tampoco estará allí, ni sus ojos azules,
ni su risa de niño, ni sus alas...

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